miércoles, 28 de julio de 2010

NOSOTROS MISMOS (Una crónica del Bicentenario)

Yo estuve ahí, en las calles del Bicentenario. Fui otra orgullosa partícula argentina entre millares de colores y cantos nuestros. Emponchado en la bandera, sentí que me abrigaba la historia de las generaciones que hicieron posible esta felicidad de sentirnos parte de un proyecto generoso y solidario. Nuestro multitudinario festejo fue el primer espejo digno que gobierno alguno se animó a poner al alcance de todos. Caminábamos como en un sueño colectivo y, para intentar ser verídicos, nos mirábamos entre nosotros. ¿Qué veíamos? Que los rostros volvían a ser la capital de nuestras almas, que nos sonreíamos con los hermanos porque volvíamos a confiar. Por increíble que nos resultara, éramos nosotros quienes producíamos y disfrutábamos este fenómeno conmocionante: la liberación a raudales de una tremenda energía latente. Ese potencial siempre intuido estaba ahora en las carpas, en los escenarios, en la ancha avenida, fluyendo y circulando, tocando a cada uno, modificándonos a todos, haciéndonos sentir “la magia de CREER”. Estaban disponibles las imágenes de siempre, y también las más recientes, todas sometidas al veredicto democrático del rechazo o la recreación popular. Y mientras pasaban las horas y los días, las muchedumbres resquebrajaban las solemnes estampas de una identidad congelada y mustia. Cuando llegaron las carrozas, se actualizaron legados que tienen 200 años de historia, y se corporizaron tradiciones que hoy quieren verse en el reflejo de una nación más suave y dulce. Erótica inclusive: una bella muchacha mestiza planeaba sobre nuestras cabezas, y nos arengaba murguera y plebeya. Era la Patria, pero también era la Cultura reclamando, como siempre, el Futuro. Volvía a ser Mayo otra vez, pero la vigorosa asamblea nos hacía pensar en Octubre y en alguna otra fecha, desconocida aún, pero ya presentida. Todos los que, de un modo u otro, estuvimos allí, quisimos y queremos dejar de desconocernos. Durante esos días alegres y esperanzados, también celebramos que, individual y colectivamente, fuimos y queremos seguir siendo Nosotros Mismos.
Por Carlos Semorile.

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