miércoles, 25 de marzo de 2026

Un levantamiento espiritual


 

Una de las más bellas sentencias políticas que se han escrito en la Argentina reza lo siguiente: “Creer: he allí toda la magia de la vida. Atreverse a erigir en creencias los sentimientos arraigados en cada uno, por mucho que contraríen la rutina de creencias extintas, he allí todo el arte de la vida”. Su autor no era un hombre religioso, pero tenía muy presente los aspectos espirituales que permiten pensar las multitudes como pueblo.

 

Había comenzado como agrimensor, luego publicó un libro de poemas que pudo haberlo congelado en cierto parnaso de las letras, pero se dedicó a desentrañar la trastienda entreguista de una época atroz: la Década Infame. A partir de ese momento, Raúl Scalabrini Ortiz –que de él se trata- supo que debía luchar en varios frentes, inclusive en el plano personal: “Sin una creencia el hombre vale menos que un hombre. Sus poderes se amenguan, su vitalidad se marchita. Ignoraba que fuese tan arduo el aprendizaje de creer”.

 

Lo sucedido ayer 24 de Marzo en las plazas de nuestro país –comenzando por la Plaza de Mayo que él llamaba “la plaza de nuestras libertades”, pero también en Rosario, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata y tantas otras ciudades y pueblos- puede y de seguro va leerse de muchas maneras. Pero sea cual sea el análisis, haríamos mal si soslayásemos el componente espiritual que expresaron masivamente tantas argentinas y argentinos para quienes viene resultando en extremo difícil el aprendizaje de creer.

 

No digo nada nuevo si expreso que todo el sistema que conocemos como “establishment”, conspira de forma constante contra la posibilidad de que alcancemos la potencia de creer en nosotros en tanto pueblo. Tampoco si reitero que este tiempo desquiciado que venimos atravesando fue socavando algunas de las creencias igualitarias que no hace tanto nos permitieron sostener “un pequeño horizonte para cada esperanza” (de nuevo Scalabrini).

 

Pero lo extraordinario también ocurre, y en este caso se fue generando desde cada pequeño espacio que trabajó con tenacidad para hacer de este 24 un acontecimiento memorable. Todas y todos salimos de nuestras casas sostenidos en la creencia de que, junto a otros cientos de miles de compatriotas, íbamos a protagonizar un hecho político de trascendencia histórica porque estábamos dispuestos a contrariar una rutina cruel de sometimiento material y anímico. Fue un genuino levantamiento espiritual.

 

Constatamos en las calles que “los pueblos siempre vuelven y encuentran los caminos” cuando son capaces de creer en la primacía de la vida colectiva.

 

Por Carlos Semorile. (Foto de Carlos Brigo).

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