sábado, 3 de octubre de 2026

En primera línea

 

En 1690, la disputa por el trono inglés entre el rey legítimo Jacobo II y Guillermo de Orange terminó de dirimirse justamente en Irlanda. El triunfo de los protestantes en la batalla del Boyne se convirtió en un emblema que sería utilizado a lo largo de los siglos como una elegía del poderío imperial, y de lealtad a la corona british, a través de marchas de orangistas que provocaban destrozos y, muchas veces, masacres.

Ante la reciente provocación de los unionistas pro-británicos de reeditar sus marchas por una avenida del Norte de Irlanda (Garvaghy Road) cuya comunidad católica y republicana se ha volcado a las calles para impedirles este acto sectario y promotor de la violencia, las liderezas del Sinn Féin, Mary Lou McDonald y Michelle O´Neill, están allí en defensa de la paz tan dificultosamente conquistada. 

También está en Garvaghy el histórico Gerry Adams quien, junto a Martin McGuiness y Pat Doherty, llevó adelante el laborioso viraje dentro del Ejército Republicano Irlandés para poder recuperar la primacía de la política por sobre los fierros que “pesan, pero no piensan” (como sabiamente dijeran nuestros Carlos Olmedo y Juan Pablo Maestre), y así alcanzar los Acuerdos de Paz de 1998. 

Por ello es que estas dos valiosas líderes, que generacionalmente son hijas de Gerry Adams, están alternativamente en la calle con la gente de todas las edades (en cambio, los orangistas son todos viejos y por eso -como diría Jauretche- ya perdieron), y a la vez manteniendo reuniones tanto con el primer ministro de la República de Irlanda, como con los viscosos funcionarios británicos, que le dan aire a los supremacistas.

El fondo del asunto, y lo que lleva a que los orangistas quieran reeditar sus marchas segregacionistas de la mayoría católica y republicana, es que viene creciendo la propuesta del Sinn Féin de lograr la unificación de Irlanda para terminar con el engendro de la partición artificial de la isla generada, cuándo no, por los ingleses. Esta es la razón del “trapo” que iguala la situación de Palestina con la de Irlanda, tanto en el origen de sus “conflictos”, como en la actualidad del fascismo en curso.

Si pese a la pacífica auto-defensa de la comunidad de Garvaghy Road llegase a haber violencia, ya sabemos quién es la responsable. La pérfida Albión: la corona inglesa que exuda sangre por donde se la mire.

Carlos Semorile.

martes, 8 de septiembre de 2026

Galasso en Puán


 

“Para que un día nos queden unos cuantos recuerdos: es decir estuve, estuve en tal pasión, en tal recodo”. Raúl González Tuñón.

Estuve, por ejemplo, en las clases del Seminario “Pensamiento Nacional” dictado por Norberto Galasso y su equipo de jóvenes docentes en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A. en 2013, es decir en “Puán”. Era una actividad abierta al público en general, en un aula inmensa que se abarrotaba de gente cada sábado a la mañana durante un cuatrimestre para escuchar de su voz “quedita” –como dirían en México- el entramado de nuestra tradición emancipatoria e igualitaria.    

No todos éramos peronchos –compartí banco más de una vez con una compañera de alguna tribu de izquierda-, ni todos habían leído la mayoría de sus libros, pero se le prestaba esa atención que se han ganado a pulso aquellos a quienes llamamos maestros. Tenía un modo sereno de exponer y una templanza forjada en muchas horas de docencia política en los foros más diversos: nunca vi a un trosko quedar tan mal parado como cuando Galasso lo atendió con sus propios argumentos. Tras este cruce, continuó su clase con su habitual humildad y elegancia, pero nos quedó claro que en política el manejo del tiempo es “el tema” que manda. 

Leí unos cuantos de sus libros y, como todos, tengo mis favoritos: las biografías de San Martín, Moreno, Yrigoyen, Perón, Yupanqui, Discépolo, Favio, Jauretche, Scalabrini y Cooke. Pero hay un texto suyo, “Genocidio y oligarquía” (recopilado por Maximiliano Pedranzini en el libro “El pensamiento nacional”), que a mi entender recupera no sólo la memoria sino el sentido de los años sesenta y setenta, y donde Galasso plantea que habría que comprender que “la clase dominante se aterrorizó ante “Cordobazos”, “Tucumanazos”, “Rosariazos”, etc., y ante la irrupción de una juventud dispuesta a tomar el cielo por asalto. Tan cerca vio el cuchillo de su garganta que, en cuanto pudo, decidió dar un escarmiento ejemplar para que nunca más se atreviera el pueblo a formas de democracia directa y a poner en discusión el modelo dependiente. Por eso hicieron un pacto de sangre: los ricos, los militares reaccionarios y el imperialismo”. Si en la hora final pensamos en legados, creo que este fragmento explica por qué éramos tantos los que nos sacudíamos las sábanas para ir a escucharlo a Puán. Gracias por enseñarnos tanto, querido compañero Galasso.

Carlos Semorile.


sábado, 15 de agosto de 2026

Leer, traducir y reescribir

 

Anoche hubo parranda en Boedo. Nadine, la hija de Silvana y Leo, festejó sus quince con su familia y sus amigas y amigos y durante siete horas hubo de todo: morfi, chupi, emotivos discursos de y para la homenajeada, improvisados cantitos de cancha (con esa gracia repentista tan nuestra) para vivar a todo lo que sucedía bajo los focos, lindas charlas en la mesa y muchísimo bailongo grupal, pero también de parejas que como Tania y Eduardo la gastaron en un par de rockanroles antológicos.

 

No estuvimos entre quienes pasaron al frente a colmar de bendiciones a la bella Nadine, pero podemos hacerlo ahora con estos versos de una antigua plegaria irlandesa:

 

“Que el camino salga a tu encuentro.

Que el viento siempre esté detrás de ti

y la lluvia caiga suave sobre tus campos.

Y hasta que nos volvamos a encontrar,

que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano”.        

 

No conté los pasos que dio Leo yendo de una punta a otra del salón (pasando por cada mesa, abrazando y enlazando afectos, tacleando mozos para que no faltara nada), pero en su deambular se pegó unas cuantas vueltas olímpicas. Claro que, tratándose del primo Leo, ni el músculo duerme ni la ambición descansa, y entonces no es extraño que en medio del fiestón me haya vuelto a plantear la cuestión de si la palabra escrita no congela el pensamiento, tal como pensaban Sócrates y Krishnamurti.

 

Como esta es la tercera vez que me saca el tema, ya no puedo hacerme más el otario y, entre atajos y digresiones, intentaré responder. ¿Debo aclarar de entrada que lo que sigue no es más que mi humilde, pero no por ello menos firme, manera de encarar el problema? En principio, me parece que desde luego puede suceder -y sucede- que una idea se cristalice en su paso de la mente que la pensó al libro o programa que la preserva. Por poner un ejemplo que casi no necesita más argumentos: la UCR es éso.

 

Dicho de otro modo: la idea que ha sido plasmada en un texto (acaso luego convertida en folleto o libro), al ser leída necesita, a la vez, ser traducida. Sólo el laburito de traducir nos ampara de ser literales y tomar las metáforas al pie de la letra, como vemos que está pasando hoy con tantísima gente que confunde “libertad” con servidumbre y, como dice el Tata Cedrón, “ya no sabe ni cruzar la calle”. Sólo si lo leído o lo escuchado hasta el hartazgo se traduce bien, ahí lo podemos descongelar y reescribir.

 

Para decirlo con las palabras de una canción de Silvio Rodríguez: “Y si esto fuera poco, tengo mis cantos que poco a poco muelo y rehago, habitando el tiempo, como le cuadra a un hombre despierto”. Habitar el tiempo que nos toca vivir supone, pues, estar lo suficientemente despiertos como para ser capaces de moler y rehacer lo que uno leyó o escribió porque el riesgo de la cristalización es real y “naides” estamos exentos de semejante abismo.

 

Ni siquiera Sócrates o Krishnamurti que, citando a Horacio González, “están equivocados en su manera de tener razón”. ¿Cómo es esta vaina? No es apenas un juego de palabras, sino que señala la paradoja de un pensar que se extravía en razones en apariencia válidas, pero que nos llevan al error, por ejemplo, de condenar al texto o al libro por el sólo hecho de contener unos preceptos que, desde luego, deben ser leídos, traducidos y, eventualmente, reescritos.

 

Quiero decir, y con esto termino, que no me cierra esa idea de condenar al libro porque, en teoría, podría contener algo pétreo que nos aleje de la savia vital. Mucho menos lo condenaría en los tiempos que corren, donde se están poniendo en práctica “todas las formas de menoscabo de lo humano” (de nuevo González), y entre ellas la de apartarnos de la lectura que traduce y que reescribe todo lo que es preciso para ponernos al día.

 

Y porque por más que haya sido escrito en un folio ajado, o acaso en una piedra y usando un alfabeto en desuso, no me privaría del placer de desearles “que Dios los sostenga suavemente en la palma de su mano”.      

 

Carlos Semorile.


viernes, 31 de julio de 2026

"La mano ejecuta lo que el corazón manda"


 

Fallecido el 31 de julio de 2020, el Historiador de La Habana Eusebio Leal Spengler descansa en un precioso jardín ubicado detrás del Convento de San Francisco de Asís, en el corazón de La Habana Vieja. Si el viajero presuroso acierta a pasar por allí es muy probable que el recogimiento del lugar lo invite a la reflexión o la oración, dos de las actividades predilectas de Leal.

Conmueve que en esa sencilla tumba reposen los restos de un hacedor incansable que solía movilizar a la comunidad que iba a ser la beneficiaria de tantos afanes y labores de restauración y dignificación social, tareas que él promovía diciendo “la mano ejecuta lo que el corazón manda”.

Lo otro que emociona hasta las lágrimas es la inscripción de la lápida porque Eusebio fue siempre un patriota martiano y un fidelista convencido, que hizo de la lealtad una forma de conciencia. La más alta conquista de un ser humano que siente y piensa y que, por ello mismo, elige echar su suerte con los pobres de la tierra.

Carlos Semorile.


lunes, 13 de julio de 2026

La tropezada existencia del gorila

 

Si la selección nacional no hubiese llegado a las semifinales, hace rato que habríamos dejado de escuchar que los árbitros nos favorecen o que inclusive los resultados obtenidos con tanto esfuerzo y sacrificio son manipulados desde la guarida del VAR. Quienes realmente crean en este entongue, deberían hacer como los muchachos que -en un episodio profético de “Boggie, el aceitoso”- lanzaban un misilazo que destruía las instalaciones de los réferis virtuales.

 

Pero no es de ellos que nos interesa hablar, sino de aquellos que podrían sacar algún provecho de toda esta basura que circula en las redes y que tiene tantos puntos de contacto con el daño que la genuina manipulación mediática provoca en tantas conciencias para hacerlas odiar lo que deberían amar. Al igual que la selección, la Argentina conoció hace no muchos años un período de dicha colectiva basado en realidades palpables para las grandes mayorías: había laburo, desendeudamiento, bienestar, previsibilidad, proyectos y esperanzas.

 

¿Qué nos pasó? Un odio feroz fue vertido de forma sistemática en los oídos de millones de personas que de este modo comenzaron a creer, como los que piensan que la selección no merece llegar hasta donde llegó (y aún puede llegar), que no nos merecíamos la buenaventura de vivir en un país normal y entonces apostaron por hacerlo en un virreinato desquiciado y vapuleado, donde cada día hay una nueva humillación que, afectando a unos, nos degrada a todos.

 

¿Qué país podríamos tener si el gorila –histórico o reciente- no anduviera con su odio a cuestas? Como escribió Horacio González, el odio es “la negación de la reflexión”: si bien infunde “enérgica vitalidad”, no deja de ser “el más originario de los tropiezos del alma, un sentimiento que nace ya tropezado”. En términos futboleros, sería como olvidarse del equipo, marcarse solo y terminar tirándola a los caños. Vean lo que dicen de la selección, cómo niegan los méritos de sus triunfos, y piensen si no hicieron lo mismo con la mejor Argentina que conocimos.

 

Por Carlos Semorile.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Un levantamiento espiritual


 

Una de las más bellas sentencias políticas que se han escrito en la Argentina reza lo siguiente: “Creer: he allí toda la magia de la vida. Atreverse a erigir en creencias los sentimientos arraigados en cada uno, por mucho que contraríen la rutina de creencias extintas, he allí todo el arte de la vida”. Su autor no era un hombre religioso, pero tenía muy presente los aspectos espirituales que permiten pensar las multitudes como pueblo.

 

Había comenzado como agrimensor, luego publicó un libro de poemas que pudo haberlo congelado en cierto parnaso de las letras, pero se dedicó a desentrañar la trastienda entreguista de una época atroz: la Década Infame. A partir de ese momento, Raúl Scalabrini Ortiz –que de él se trata- supo que debía luchar en varios frentes, inclusive en el plano personal: “Sin una creencia el hombre vale menos que un hombre. Sus poderes se amenguan, su vitalidad se marchita. Ignoraba que fuese tan arduo el aprendizaje de creer”.

 

Lo sucedido ayer 24 de Marzo en las plazas de nuestro país –comenzando por la Plaza de Mayo que él llamaba “la plaza de nuestras libertades”, pero también en Rosario, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata y tantas otras ciudades y pueblos- puede y de seguro va leerse de muchas maneras. Pero sea cual sea el análisis, haríamos mal si soslayásemos el componente espiritual que expresaron masivamente tantas argentinas y argentinos para quienes viene resultando en extremo difícil el aprendizaje de creer.

 

No digo nada nuevo si expreso que todo el sistema que conocemos como “establishment”, conspira de forma constante contra la posibilidad de que alcancemos la potencia de creer en nosotros en tanto pueblo. Tampoco si reitero que este tiempo desquiciado que venimos atravesando fue socavando algunas de las creencias igualitarias que no hace tanto nos permitieron sostener “un pequeño horizonte para cada esperanza” (de nuevo Scalabrini).

 

Pero lo extraordinario también ocurre, y en este caso se fue generando desde cada pequeño espacio que trabajó con tenacidad para hacer de este 24 un acontecimiento memorable. Todas y todos salimos de nuestras casas sostenidos en la creencia de que, junto a otros cientos de miles de compatriotas, íbamos a protagonizar un hecho político de trascendencia histórica porque estábamos dispuestos a contrariar una rutina cruel de sometimiento material y anímico. Fue un genuino levantamiento espiritual.

 

Constatamos en las calles que “los pueblos siempre vuelven y encuentran los caminos” cuando son capaces de creer en la primacía de la vida colectiva.

 

Por Carlos Semorile. (Foto de Carlos Brigo).

lunes, 23 de marzo de 2026

Mirta Misetich, desaparecida por la dictadura… de Lanusse

Un profesor que tuvimos, antropólogo él, solía cuestionarnos algunas certezas históricas al preguntarnos si la Edad Media había comenzado al mismo tiempo en todas partes y para todo el mundo, o si había ido llegando a cada espacio social según sus distintos ritmos y peculiaridades que valía la pena analizar. Lo mismo puede decirse de la que habitualmente llamamos La Dictadura Genocida, para diferenciarla de las dictaduras que la precedieron, pero que la fueron anunciando.

 Mirta Elena Misetich nació y se crio en un ambiente económicamente desahogado pues su padre era un alto ejecutivo de Grafa, empresa perteneciente al grupo Bunge & Born. De destacada inteligencia, sacó una de las notas más altas para entrar a trabajar como programadora de IBM, en la época en que las computadoras ocupaban casi todo un piso. Sin embargo, ella aseguraba que el que era realmente inteligente era su hermano Antonio, quien siendo niño había diseñado y armado sin ayuda de nadie el circuito de un tren eléctrico. Acabó renunciando a ese trabajo bien remunerado porque terminaba agotada y porque su sensibilidad hacía que sus intereses ya fueran otros, sociales y políticos.

 Estudiando sociología, en la biblioteca de la vieja Facultad de Filosofía y Letras conoció a quien sería su compañero de vida y militancia, Juan Pablo Maestre. Ambos formaron parte de los orígenes de las proto-FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), a la que Mirta se integró por sus propias convicciones y no por ser la pareja de Maestre. Juan Pablo valoraba su buen humor y su capacidad para la dicha: “Yo soy muy feliz con mi gordita”, decía Pablo cuando le preguntaban por qué ella y no otra.

 Tras el secuestro y desaparición del matrimonio Verd-Palacio en San Juan y el intento de secuestro de Roberto Quieto en Villa Urquiza, Mirta y Juan Pablo pasaron a la clandestinidad con la idea de trasladarse a Cuyo. No llegaron a hacerlo porque el 13 de julio de 1971 ambos fueron secuestrados en la entrada del edificio de los padres de Mirta en pleno centro de Belgrano por una patota que logró separarlos y llevárselos ante la presencia de numerosos vecinos convertidos en aterrorizados testigos.

 El domingo 18 de julio los padres de Mirta y su hermano Antonio, que había regresado de EE.UU., se acercaron a la Quinta de Olivos y solicitaron una entrevista con Lanusse. Como en el episodio de Aramburu y los familiares de los fusilados del ´56, Lanusse se negó a recibir la súplica del matrimonio Misetich. Aunque prometió ocuparse del caso, en realidad ya lo había hecho: Juan Pablo había sido asesinado y arrojado en un zajón de Escobar (fortuitamente hallado por un pescador, fue enterrado como N.N.), y Mirta todavía hoy continúa desaparecida.

 De todos modos, y con el fin de hacer diverger los reclamos de las dos familias, el Ministro del Interior de Lanusse, Arturo Mor Roig, y su jefe de policía, Cáceres Monié, sembraron falsas esperanzas en los padres de Mirta: “El señor Antonio Anselmo Misetich (…) entrevistó ayer por la mañana al ministro del interior, doctor Mor Roig y en horas de la tarde fue recibido por funcionarios de la Presidencia de la Nación. Según trascendió, el día martes conversó por segunda vez con el jefe de Policía, general Jorge Cáceres Monié. Una fuente vinculada a la Policía Federal reveló que en esa entrevista el general Cáceres Monié le dio esperanzas al señor Misetich sobre los resultados de las investigaciones que viene realizando la Policía. Según la misma fuente, le habría comunicado que la Policía sabe que Mirta Misetich se halla con vida, reponiéndose del shock que recibió por el episodio vivido. Le habría agregado que en los próximos días podrían producirse novedades”. (“El padre de Mirta Misetich realizó gestiones en la Casa de Gobierno”, La Opinión, 29-7-1971).

(El hermano de Mirta, el físico Antonio Misetich (hijo) fue uno de tantos científicos talentosos que emigraron a los EE.UU. para desarrollar allí las investigaciones que aquí no podían realizar: llegó a trabajar en la NASA como físico nuclear. Cuando regresó a la Argentina tras la desaparición de Mirta, entró a trabajar en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), y en el plano político se integró a las FAR, hasta que él mismo fue secuestrado y desaparecido en abril de 1976 por un Grupo de Tareas de la ex Esma. El senador estadounidense Edward Kennedy realizó gestiones para interceder por Antonio Misetich, pero las mismas resultaron infructuosas).

Pasarían muchos años para que fuese publicada una semblanza sobre Mirta. Realizada por Pedro Lipcovich lleva por título “Mirta Misetich. El valor y la piedad”, y fue publicada el 26-5-2006 por Página/12 en su suplemento aniversario “Los que no fueron tapa”. Allí se asegura que Mirta “sostuvo hasta su muerte una forma de hacer política, una forma de definir la vida, en la que se aunaban el valor y la piedad”.

 También se recogen dos testimonios, el de su prima Marta Gan (“cuando éramos chicos, Mirta y Antonio venían a pasar las vacaciones acá. Se apasionaban por las excursiones. En la adolescencia, Mirta era una chica risueña, cariñosa; era muy linda”), y el de E.R., ex militante de las FAR: “Cuando la secuestraron, Mirta era mi "responsable". Yo venía en crisis con la militancia. Había entrado a los 18 años y esa vida compartimentada llegó a ser para mí algo muy solitario, muy próximo a la muerte. Empecé a querer irme. Nadie me puso obstáculos pero sentí que, claro, yo había dejado de ser lo que se llamaba un "cuadro valioso". Mirta no sentía las cosas de ese modo; creo que ella no se consideraba un "cuadro valioso" y que para ella yo, cualquiera, era valioso tanto si se quedaba como si se iba. Yo creo que Mirta estaba llena de piedad. En eso fue que la secuestraron. Yo me reunía con ella en un bar y la consigna era, si no iba, repetir la cita varias veces en el mismo lugar. Ella faltó una vez y yo seguí yendo. Empezó a aparecer en los diarios el secuestro de los Maestre; yo no conocía el apellido de ella, no pensé que fuera ella y seguía yendo a ese bar hasta que, de casualidad, una compañera de la organización me vio, me hizo salir y me contó lo que había pasado. Quiere decir que, si Mirta hubiera hablado cuando la torturaban, a mí me podían haber agarrado en el bar. Quiere decir que me salvó la vida”.

Por Carlos Semorile.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Todas las formas de menoscabo de lo humano


 

Desde 1948 el pueblo palestino ha sufrido, a manos del Estado de Israel, “todas las formas de menoscabo de lo humano”. La frase es del Profe González y la repetimos hoy, mientras sigue el genocidio en curso, para que nadie finja demencia. Y porque es inadmisible y repugnante. Da mucho asco.

Por Carlos Semorile.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

El verosímil


 

Una de las cosas que hace que los relatos funcionen es su grado de verosimilitud. O, dicho de otro modo, que esa narración contenga un cacho suficiente de verdad como para ser aceptada por quien al escucharla, verla o leerla no sienta que insultan su inteligencia proponiéndole una historia que es del todo inverosímil y, en última instancia, falaz. Si el verosímil nace dañado, ninguna crónica se sostiene. O, al menos, no debería.

 

Pero sucede que el verosímil es apenas una herramienta al servicio de algo mayor que es aquello que contamos o nos cuentan y que puede –y aquí complejizamos lo que dijimos en el párrafo anterior- ser verdad o una mentira absoluta. Si leemos o vemos “Súperman” no necesitamos pensar, salvo que nos psicoticemos, que nosotros podemos volar: alcanza con que creamos que el personaje puede hacerlo y para eso el verosímil debe apoyarse sobre bases sólidas porque si no es apenas uno más: Clark Kent.

 

La mencionada solidez puede estar anclada en un elemento cuya verosimilitud es apenas una petición de principios, como es el caso de la “kripotonita”: si damos crédito a sus efectos, entonces el resto viene por añadidura. O puede estar basada en algo mucho más sutil y hasta inasible, como la construcción de una atmósfera que termina haciendo creíble que un día “Remedios la bella” ascendió a los cielos sin retorno.

 

Para ilustrar estas cuestiones nos vino al pelo esta foto de un volumen del Reader´s Digest en cuya tapa comulgan la palabra “inverosímil” (en letra catástrofe y entre signos de admiración) y la expresión “fenómenos inexplicables”. Quienes alguna vez alcanzamos a leer dicha revista estadounidense, podemos dar fe de que es francamente indigerible, y esta imagen parece una confesión de reo: lo indigesto de su contenido sólo podía tragarse por la petición de principios de “lo inexplicable”. ¡Qué vivos!

 

Pero no hay tal cosa como “lo inexplicable”. Hay, como planteamos de entrada, una manera de volver creíble lo que a todas luces es una falsedad que, a fuerza de una reiteración psicotizante, termina siendo creído por los receptores pasivos de un relato que “las casas de tolerancia periodísticas” imponen a partir de la posición hegemónica que tienen en el mercado de la imagen, la voz y la palabra. Lo único inverosímil es que no lo veamos.  

 

Lo que de veras es increíble es que alguien crea que haya alguna verdad en la “causa cuadernos”, o en cualquiera de las otras que se le siguen a Cristina o a quienes fueron sus funcionarios. Claro que la cosa no viene de ahora: en el formidable libro “El negro corazón del crimen”, que recrea la investigación de Rodolfo Walsh sobre los fusilamientos ilegales y clandestinos de José León Suárez, Marcelo Figueras plantea que ciertos sectores sociales se enardecían si les vendían un caso de inmoralidad, aunque fuese inventada, y sintetiza: “la idea había sido condicionarlos, de modo que (…) cada vez que escuchasen ‘peronista’, pensasen: ‘delincuente’”.

 

Hace 70 años, pues, que los peronistas son delincuentes por una mera petición de principios que no necesita demostrar nada (y que, además, invierte la carga de la prueba) mientras ellos siguen digitando el verosímil.

 

Por Carlos Semorile.

miércoles, 22 de octubre de 2025

Agnotología pampeana


 

Si como muchos creemos, el domingo a la noche estaremos festejando el triunfo de Fuerza Patria y la derrota inapelable de los seguidores del Ungido, será porque también le habremos propinado un golpazo a la “agnotología”. Dos años atrás me enteré –gracias a Leo, el primo de mi compañera- que la mencionada disciplina se dedica a sembrar la ignorancia para así sacar provecho del desconocimiento de la población.

 

Alguno puede pensar, y le asiste todo el derecho, que lo único novedoso es el nombre, ya que siempre existió el problema de que las grandes mayorías no tuvieran elementos para dilucidar el origen de su miseria. Desde el socialismo utópico al científico, se debatió con intensidad cuál era la mejor manera de descorrer el velo que impedía la toma de conciencia necesaria para que las masas, una vez esclarecidas, hicieran la revolución.

 

En estas pampas, siempre tan vilipendiadas cuando se trata de compararnos con la “civilizada” Europa, tuvimos el privilegio de contar con una serie de pensadores que, desde el Revisionismo Histórico al Pensamiento Nacional, se dedicaron a triturar las zonceras –para decirlo al modo jauretcheano- que embretan las mentes de nuestros compatriotas y que son “agnotológicamente” inducidas para mantenernos sometidos.   

 

Uno de estos patriotas, Scalabrini Ortiz, contó el caso de un comerciante que solía asistir al sótano de FORJA, pero nunca comprendió que sus vaivenes económicos eran un reflejo preciso, matemático, de la malaria de la Década Infame y de la bonanza peronista. En su ignorancia, criticaba al gobierno que le había permitido salir de pobre y se negaba a escuchar los vaticinios del correntino. Estaba tan perdido que Scalabrini escribió: “No le oí ni una sola palabra de agradecimiento para nadie”. Les suena, ¿verdad?  

 

Cada vez que recuerdo esta anécdota (narrada en “Bases para la reconstrucción nacional”) pienso que no alcanzó: que en el 55 y en el 2015 hubo muchos compatriotas solapadamente entrenados para escarnecer a los probos y enaltecer a sus verdugos. Así les fue, y así nos va porque, más allá de los formidables logros materiales y espirituales, la “agnotología pampeana” produce seres desdichados: putean a quien le deben gratitud.  

 

Como decía al inicio, creo que el domingo las urnas castigarán este experimento macabro que tiene a la crueldad como marca heráldica y a la entrega como fin desembozado. Pero también pienso que, a esta altura de los desgraciados sucesos de los que todas y todos somos testigos, no deberían sacar ni medio voto, no al menos entre aquellos que se cuentan entre sus víctimas. Porque una cosa es ser testigo, y otra es ser cómplice.

 

Por Carlos Semorile.

viernes, 10 de octubre de 2025

Intemperie


 

Cientos de miles de palestinos regresan, a partir de un precario y -ya violado por Israel- alto el fuego, hacia el norte de Gaza. Los espera la intemperie más feroz: la de sus barrios arrasados, la de los miles de muertos entre los escombros, la de sus escuelas, hospitales y demás edificios públicos reducidos a polvo y cenizas, la de los servicios inexistentes, la acechada por las fuerzas sionistas de ocupación.

El retorno a su tierra está atravesado por la más angustiante incertidumbre. No es que no sepan lo que les espera, porque justamente vienen de haber padecido “todas las formas de menoscabo de lo humano”. Sus vidas han sido supliciadas en el altar de un supremacismo que, por la boca de sus líderes, no ha vacilado en considerarlos menos que humanos, y por un proyecto imperial que los necesita exterminados.

Es un pueblo que conoce como pocos lo que significa resistir desde la intemperie, sin que los asista nadie porque sólo han contado con la solidaridad simbólica de los pueblos del mundo, pero no de los gobiernos y mucho menos de los organismos internacionales que, salvo algunos casos puntuales, no han hecho nada por impedir la monstruosidad de un alevoso genocidio que el planeta ha visto suceder en tiempo real.

El dizque acuerdo de paz no los contempla como sujetos de derecho, y es probable que sus tierras sean convertidas en una riviera israelí que repita, en un nivel fastuoso, lo mismo que vienen haciendo desde 1948. Y si esto llega a ser así, la intemperie nos alcanzará a todos.

Por Carlos Semorile.


miércoles, 17 de septiembre de 2025

Bajo una misma bandera


 

Estas esculturas a orillas del río Liffey, en Dublín, recuerdan la Gran Hambruna que padeció Irlanda de 1845 a 1851 cuando toda la isla era todavía una colonia británica, y cuyas secuelas demográficas, sociales y culturales llegan hasta la actualidad. En ámbitos académicos se debate, con argumentos encontrados, si la Gran Hambruna se trató o no de un genocidio que Gran Bretaña cometió contra el pueblo irlandés. Unas pocas líneas del “Ulises” de Joyce ponen las cosas en su lugar:

“Fueron echados de sus casas y hogares en el negro 47. Sus cabañas de barro y sus chozas a la vera del camino fueron arrasadas por la topadora y “The Times” se frotó las manos e informó a los sajones pusilánimes que pronto habría tan pocos irlandeses en Irlanda como pieles rojas en América. Hasta el Gran Turco nos envió piastras. Pero el Sajón intentó hambrear a la nación en su país mientras en la tierra abundaban cosechas que las hienas británicas compraban y vendían en Río de Janeiro. Sí, echaron a los campesinos en hordas. Veinte mil murieron en barcos cementerios. Pero los que llegaron a la tierra de la libertad recuerdan la tierra de la esclavitud. Y volverán otra vez y en mayor número”.

En efecto, cuando a un pueblo se le quitan sus leyes ancestrales, sus tradiciones y sus costumbres, cuando se liquida a su clase dirigente y se persigue a quienes –por erudición y voluntad de resistir- podrían enlazar el pasado con el presente y el futuro, cuando se le confiscan sus tierras y se les prohíben su idioma y su fe, cuando se lo abandona a su suerte para que una plaga se ocupe de exterminarlos (y se colabora para que así suceda mediante decomiso de cosechas, arrestos por robar comida y deportaciones), o cuando las represiones de los periódicos levantamientos son desproporcionadas y sanguinarias, el conjunto de todas estas políticas debe caracterizarse como un genocidio.

La memoria histórica del pueblo irlandés ha generado este embanderamiento para señalar que la hambruna con la que Israel busca aniquilar al pueblo palestino tiene las mismas características que la promovida por Gran Bretaña en el siglo XIX: forma parte de una estrategia genocida que no debería contar con la complicidad de los gobiernos que siguen sin tomar medidas al respecto.

Es el mismo embanderamiento que puede verse de punta a punta del planeta en brazos de los pueblos más disímiles que, ridiculizando las políticas exteriores de sus gobiernos y desobedeciendo el relato oficial de las corporaciones mediáticas, están asumiendo que hoy la bandera palestina representa un piso de dignidad, humanismo y cultura contra “todas las formas de menoscabo de lo humano” (Horacio González dixit).

También debe entenderse como un severo “¡Alto!” al arrasamiento que lleva adelante Israel. Y no sólo porque la ONU ya se ha pronunciado, muy tarde pero taxativamente, sobre la cuestión del genocidio. Sino porque, como pronosticó Joyce, los expulsados tienen la mala costumbre de volver a la tierra que una vez fue suya. Los pueblos tienen con su terruño un vínculo muy distinto al que los agentes coloniales señalan en sus mapas. Y por ello tampoco conviene olvidar lo que no hace tanto dijo Cristina: “Los pueblos siempre vuelven y encuentran los caminos”.  

Por Carlos Semorile.

miércoles, 23 de julio de 2025

El más grande y dulce amor del Negro Maestre


 

No fue uno solo, desde luego, sino muchos y a cada uno los llevó en su corazón: su adorada madre Olga Maestre, sus hermanas y hermanos, su compañera de vida y militancia Luisa Galli, sus hijos Juan Pablo y Miguel, sus nietas Uma y Ona, su nieto Galo, sus sobrinas y sobrinos, pero también sus compañeras y compañeros de militancia, el peronismo, la música, la lectura, el pensar minucioso, preciso y detallista “echándole ganas” a partir de su propio criterio, el bailar guapachoso, la risa, la vida.

Cuando sus padres aún no se habían separado, la familia vivía en Villa Santa Rita -Luis Beláustegui 2635-, y en la esquina estaba la fábrica de cigarrillos Particulares. De aquella fábrica solía escucharse la sirena llamando a los distintos turnos de trabajo, y Olga recordaba en especial la de las seis de la tarde, pues a esa hora había nacido su hijo Eusebio el 23 de julio de 1942, y por esa razón ambos –madre e hijo- atribuían el renacer cotidiano de El Negro a partir de dicha hora del día en adelante.

Durante su infancia había sido harto difícil tener expectativas y certidumbres porque la realidad era muy dura y tangible. Sin redes de apoyo familiar, la única certidumbre de aquellos primeros años fueron la abnegada Olga y sus propias hermanas y hermanos, y en ese sentido puede decirse que funcionaron como un clan. En este contexto, como bien señalaba El Negro, “si bien había lugar para los sueños, no había margen para el delirio”. Entonces soñó y porfió por realizar sus ideales.

Cuando la familia logró mudarse a una de las casas de Ciudad Evita, El Negro y su hermano menor Juan Pablo Maestre ya funcionaban como un tándem fraterno que había asumido la identidad política que habían tomado por vía materna (también podría haber sido la paterna, pero esa es otra historia), el peronismo, y que los llevaría desde la militancia inorgánica y silvestre de su adolescencia a la formación de una organización que se llamaría Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Dentro de lo que se conoce como las Proto-Far, El Negro vivió muy de cerca las discusiones que Carlos Olmedo, Roberto Quieto y su propio hermano Juan Pablo llevaron adelante para definirla como una organización peronista que entendía el carácter urbano de las luchas a desarrollar. Del contacto con otras organizaciones y del “fierrerismo” de varios de sus miembros, recordaba la advertencia que tempranamente hicieron Olmedo y Juan Pablo: “Los fierros pesan, pero no piensan”.

No hace tantos años nos contó, en una conversada sobremesa en su casa de Coghlan, que tenía pensado escribir un texto cuyo inicio sería: “Siempre tuve un inmenso respeto y cariño por la figura de Jesús”. Y es que así como mamó el peronismo, también asumió su rabiosa piedad política. Bastaba escucharlo hablar de quienes fueron sus compañeros de militancia, y que fueron también sus amigos y poco menos que sus hermanos: Juan Pablo, desde luego, pero también Alberto Camps, Carlos Olmedo, “El Negro” Quieto, “La Petisa” María Angélica Sabelli (a quien solía recordar bajándose un paquete entero de galletitas, pero de a una y como quien no quiere la cosa), el abogado Manuel Evequoz, Marcelo “El Monra” Kurlat y Francisco “Paco” Urondo, a quien recordaba con una sonrisa cada vez que rememoraba sus impecables ironías. 

Con su compañera Luisa Galli pasaron casi todas las ordalías que pueden ocurrirles a quienes se rebelan, desde el secuestro y el tormento a la cárcel, y luego el prolongado exilio. Quienes tuvimos la fortuna de viajar a México, los vimos enteros -más preocupados por el exilio interno del resto de la familia que por el de ellos mismos-, militando en la Casa Argentina de la Solidaridad, haciendo malabares entre los trabajos y las muchísimas horas de estudio. Y alcanzamos a compartir –con ellos y sus compañeras y compañeros de exilio- una dimensión de disfrute de la vida, bien anclada en el sentido de las luchas compartidas.

Por muchas razones (entre ellas ciertas cuevas represivas instaladas en el Poder Judicial), el regreso al país no resultó sencillo. Pero la pelearon en todos los frentes y, muy de poco y no sin comerse agrios sinsabores, lograron insertarse laboralmente. Recuerdo algunas mesas de discusión política con amigos de juventud que tomaron otros caminos políticos, y la manera en que por momentos sobrevolaba una velada crítica a sus opciones pasadas: El Negro siempre trataba de llevarla por el lado amable, hasta que no le dejaban otra chance que demoler los remanidos argumentos de una socialdemocracia tan precaria como fugaz.

Por suerte, también hubo otros reencuentros para nada tensos con queridas compañeras y compañeros de militancia que, cada uno desde su lugar, sigue bregando por un país más justo. Estos cumpas son como tías y tíos para los hijos de Luisa y Eusebio, del mismo modo en que ambos han testimoniado para que los hijos de los compañeros caídos puedan recuperarlos desde una dimensión cotidiana y de cercanía engarzada a su condición de militantes. Esta foto da cuenta del encuentro con los hijos de Alberto Camps y Rosa María Pargas, y con su amigo y compañero Juan “Tata” Cedrón (cuando paró en la casa de los Cedrón en París, Eusebio le regaló una libretita negra que el Tata todavía conserva, y donde tiene los nombres y teléfonos de artistas e intelectuales franceses que eran solidarios y denunciaban a la Dictadura Genocida).

Fue una tarde luminosa porque nos dejó una imagen perdurable de las luchas de todos ellos para que el conjunto del pueblo argentino recupere lo que alguna vez fue su más grande conquista: la democratización del goce. Y así quiero recordarlo al Negro: generoso siempre para que el más grande y dulce amor a la savia de la vida, fructifique en todas y todos.

Carlos Semorile.


sábado, 10 de mayo de 2025

Fábrica de Arte Cubano


Ni El Floridita, ni La Bodeguita del Medio. El lugar para ir a presenciar lo que en este presente está alumbrando la vanguardia de jóvenes músicos y creadores cubanos queda en los límites de El Vedado, y abre de jueves a domingos desde que comienza la nochecita hasta las 2 de la mattina. El lugar se llama Fábrica de Arte Cubano y hace honor a su nombre porque en sus distintas salas hay espectáculos de danza, cine y teatro, exposiciones de pintura, fotografía y diseño gráfico, pero también se realizan desfiles de moda y se hacen muestras de arquitectura, planeamiento y diseño industrial.

Esta antigua fábrica de aceite reúne todo lo bueno que las cubanas y cubanos están haciendo hoy en cada una de las mencionadas disciplinas, con el agregado de que la programación cambia semana a semana y, sobre todo en ciertos rubros, inclusive día a día: no es lo mismo lo que vas a ver o escuchar el jueves que el domingo. También depende del recorrido que uno decida hacer por cada una de sus "naves" o espacios que conectan unos con otros y, a la vez, con los ámbitos abiertos donde están situados los diferentes chiringuitos en los que es posible beber y comer por dos mangos. En esos patios, la gente -en su mayoría jóvenes, pero no exclusivamente- hace una pausa, conversa, toma un trago en amistosa o amorosa compañía y se airea antes de volver a disfrutar de lo que ofrece cada nave que, como mínimo, es de muy bueno para arriba.

En algún sentido, nos recordó lo que en una época lejana prometió ser el Centro Cultural Recoleta y que después, de manera mortecina, se fue apagando entre burocracias y sensateces. Por el contrario, la Fábrica de Arte Cubano está "encendida" en todos los sentidos imaginables, y por ello se llena de gente que (del baile a la escucha, del impacto a la reflexión, y de la contemplación a la dicha) cada noche goza con el talento, la creatividad y el estado de gracia y de cubanía plena de sus artistas.

Por Carlos Semorile. 


jueves, 27 de febrero de 2025

El bastón de mariscal pesa, pero no piensa

 

A inicios de los años 70, cuando las organizaciones político-militares estaban dándose a conocer por sus acciones, pero también por sus definiciones ideológicas, tanto Carlos Olmedo como Juan Pablo Maestre coincidían en enfatizar que “los fierros pesan, pero no piensan”. A esa altura, y aunque eran muy jóvenes, ambos ya tenían varios años de militancia encima y les preocupaba el sesgo fierrerista que podía desvirtuar la primacía de la política, suprimiendo la discusión y el análisis.

 

El señalamiento sigue manteniendo su vigencia toda vez que alguien crea que el criterio de verdad surge de la mera posesión de un instrumento. Si lo pensamos por derecha, se puede tomar el penoso ejemplo del ungido y sostener, como dijimos en un escrito anterior, que “la motosierra pesa, pero no piensa”. Por ejemplo, su libidinizado telefonito le sirvió para criptoestafar a escala planetaria, y ya no sólo a sus fanas vernáculos, pero la reflexión estuvo ausente antes y lo sigue estando hoy.

 

Si lo pensamos por el campo nacional y popular, nos parece que hay varios malos entendidos respecto de la frase del General de que “cada peronista lleva el bastón de mariscal en su mochila”. Es una idea muy sugerente, pero seríamos muy necios si creyéramos que el solo hecho de manotear la mochila nos asegura que hemos alcanzado un estado de liderazgo que no precisa ser refrendado. Por ello cuando Tolosa Paz afirma que “hay una etapa cerrada en la conducción de Cristina Kirchner hacia el conjunto del movimiento”, no se entiende si se auto percibe mariscala del espacio recién creado, o si tiene el famoso bastón atravesado en el marulo.

 

Por Carlos Semorile.


sábado, 22 de febrero de 2025

Medios, estafa y tejido social

 

De golpe y porrazo, vuelve a funcionar el reproductor de compactos y saco al azar un “cidí” que resulta ser de Silvio y, como nos pasa cuando hace mucho que no escuchamos algo, le “pongo el óido” con más cuidado. La canción cuenta un día cualquiera de su vida, que comienza con un café y un diario: “Me entrego preocupado a la lectura del diario acontecer de nuestra trama, y sé por la sección de la cultura que el pasado conquista nueva fama”. Pienso en el saludo nazi de ciertos personajes: si pasa, pasa.

 

El verso inmediatamente anterior dice: “Leo que hubo masacre y recompensa, que retocan la muerte, el egoísmo. Reviso, pues, la fecha de la prensa: pareció que ayer decía lo mismo”. Lo notable es que aún nos asombre la constatación de la masacre recompensada, pero está bien porque quiere decir que todavía funciona un núcleo de irreductible humanismo que no se acostumbra al egoísmo ni a la muerte, que suele ser la no tan visible consecuencia de las políticas que deprecian la vida.

 

Ese eje humanista tiene su basamento en el legado ético que mamamos siendo críos y que más o menos se mantiene en pie a lo largo de una vida, lo cual es casi increíble si consideramos el cúmulo de inequidades a la que está sometida casi cualquier existencia. Mi tío “Marucho” Maestre lo decía mucho mejor: “Los garcas deberían estar agradecidos de que los pobres no hagan rodar sus cabezas”. Y eso que “Marucho” no era ningún caído del catre, y sabía bien el rol que juegan las “casas de tolerancia periodísticas”.

 

Así las caracterizó León Trotsky hace más de cien años, y explicaba: “La burguesía, las clases poseedoras, no resignarán sin lucha lo que se encuentra en sus manos. Saben qué poderoso instrumento es la prensa. Tienen a sueldo a una importante plantilla de periodistas de ambos sexos que, defendiendo la libertad de prensa, defienden su fuente de ingresos y la fuente de su barata popularidad. Todas estas personas luchan con todos los medios disponibles contra nuestra política relativa a la libertad de prensa; no sueltan de sus garras los anuncios, no se someten al decreto, mienten, difaman, vociferan, maldicen…”. Muy pocas veces se rectifican, como hoy con el caso del cadáver de rehén israelí, que al final sí era el correcto.

 

Pero bien que mientras tanto lo usaron sin pudor (al cadáver y al dolor de sus deudos; enseguida volveremos sobre el punto) para enlodar más aún la imagen de una organización político-militar con la que llegaron a un acuerdo, acuerdo que el Estado Terrorista de Israel no ha dejado de incumplir todas las veces que se le dio la gana, por no mencionar el saldo de 70 mil palestinos masacrados, muchos de ellos insepultos. ¿Ves cómo te hacen llorar como un deudo a ciertos muertos e ignorar a otros miles?

 

Es lo que se nos ocurre llamar bajo el descriptivo nombre de “proceso inducido de indignación selectiva”, y decimos “descriptivo” porque no apelamos a una designación “valorativa”: simplemente decimos que es así cómo ocurren las cosas; o, para decirlo mejor, así es cómo los medios consiguen que las cosas “ocurran” de cierta manera –y no de otra- en la cabeza de la gente. Pero es todavía peor, porque están logrando que las personas estén “creídas de su libertad en pleno sometimiento” (Yourcenar).

 

Así es posible, por ejemplo, que un amigo publique una levísima chicana respecto a la estafa piramidal promovida por el ungido, y que el hermano de un viejo amigo en común se desboque en agravios, usando la típica “lengua del ultraje” (González dixit) que ya es parte del ambiente cloacal en que han convertido el derecho de opinión trastocado en libertad de insultar a lo pavote. Luego el hermano del antiguo amigo pide disculpas en privado, sin hacerse cargo de su beligerancia pública porque “estaba borracho”.  

 

Es probable que lo estuviera, pero no del modo en que él cree: como muchas y muchos compatriotas, está sumido en un estado de ebriedad en la que el odio al semejante no sólo está permitido, sino que está incitado a derramarse como injuria sobre aquellos que nos permitimos disentir con el mandato de aborrecer a las grandes mayorías desposeídas. Y este es, retomando un asunto crucial que mencionamos más arriba, la mayor amenaza: no quieren dejar en pie ni siquiera la idea de amor al prójimo.  

 

La gran estafa de los medios, aquí y en todas partes, es concurrente con toda estafa económica y política, y está horadando la médula de la humanidad entendida como un tejido social que aspira a su emancipación.

 

Por Carlos Semorile.


lunes, 17 de febrero de 2025

El tuit que encendió "la escrotosierra"


En “Memorias de Adriano”, el emperador revela una parte del secreto de su capacidad política: “Preveía con bastante exactitud el porvenir, cosa posible cuando se está bien informado sobre la mayoría de los elementos del presente”. Sin embargo, unas páginas más adelante, Adriano reconoce: “Mis inquietudes subsistían, pero las disimulaba como si fuesen crímenes; tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse”. O como pedía Carlos Olmedo, evitar ser una “pequeña patrulla extraviada”.

Así nos sentimos quienes tratamos de advertir a nuestros compatriotas que iban a ser groseramente estafados una vez que ungieran a un personaje que daba para un sainete, pero no para un drama que él se encargó –con la complicidad del macrismo, pero también de muchos que ocupan bancas o gobernaciones y traicionaron el mandato de sus electores peronistas- de convertir en tragedia. ¿Nos adelantamos a poner las cosas en estos términos? ¿Es aún “demasiado pronto” para muchos?  

El dibujo que acompaña este texto, “La escrotosierra”, también suma a estas mismas reflexiones: cuando Tomás Müller lo publicó el 3 de abril de 2024 no hacía ni cuatro meses que se había iniciado un nuevo ciclo de arrasamiento de los derechos de las grandes mayorías, pero este artista -“bien informado sobre la mayoría de los elementos del presente”- ya podía profetizar el retorno del daño para quien (parafraseando a Olmedo) nunca entendió que “la motosierra pesa, pero no piensa”. ¿Lo advierten sus votantes o todavía debemos disimular nuestras inquietudes “como si fuesen crímenes”? No demoren: el tiempo es sangre.

Por Carlos Semorile. 



domingo, 16 de febrero de 2025

Parecen criptoboludos, pero son tremendos fachos

 

La primera vez que escuché hablar de las criptomonedas en vivo fue en un cumpleaños. Otro de los invitados sacó el tema y afirmaba que había llegado a tener en su poder una importante cantidad que debió vender por una circunstancia adversa, pero que si no hubiese sido por ese traspié él sería millonario gracias a este bisnes para iniciados. 

No guardo memoria de la cifra, pero sí de su insistencia con visos de nostalgia por no haber podido conservar las “cripto” y convertirse en el güiner más langa que alguna vez haya vivido bajo la Cruz del Sur. Él no advertía la índole inverosímil de su relato, del mismo modo que tampoco sospechaba el aroma naftalínico que se desprendía de su propuesta de cerrar el Congreso para ahorrar el “gasto” de los sueldos parlamentarios.

Lo otro que supe esa misma noche fue el regalo que le hizo al agasajado, el típico libro del consabido columnista de derecha que las grandes editoriales lanzan con bombos y platillos, y que a los pocos meses se apilan a precios de verdulería (los viejos precios, los de antes de este desquicio) en las mesas de saldo. Al irme, el cumpleañero me preguntó qué pensaba del obsequio: le dije que sólo un facho regala un texto ídem.

No supe más nada del ricachón fallido durante un tiempo, y en ese lapso pude conversar con los amigos que tenemos en común sobre las zonceras que había desparramado en su borrachera criptoquimérica. Lo último que me contaron del personaje en cuestión fue que estaba visitando a un connotado genocida que obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria, y que la parecía un tipo “lo más bien”. A confesión de parte...

Por Carlos Semorile.

miércoles, 12 de febrero de 2025

El sionismo y el genocidio subrogado


 

Según los dichos de Trump, Estados Unidos (ese extraño país sin nombre propio) va a tomar la posta y suplantar al Estado Terrorista de Israel (ese extraño estado que se ha ganado con creces la caracterización de terrorista) para concluir el genocidio del pueblo palestino en aras de un gran negocio inmobiliario a desarrollar en la ribera occidental de Gaza.

Es sabido que los nazis contaron con la colaboración de organizaciones fascistas que, al interior de los territorios ocupados, se encargaron de exterminar todo tipo de "indeseables", desde comunistas a nacionalistas, desde gitanos a homosexuales y discapacitados. Pero el sionismo está empeñado en acceder a una etapa superior del salvajismo occidental ilustrado, y este proyecto de genocidio subrogado -vía Trump/EE.UU.- se parece al alumno que aventaja al maestro.

Qué saldrá de este engendro es harto difícil pronosticarlo, porque ni la matanza de más de 45.000 palestinos (cifra que la revista médica The Lancet aumenta en un 70%, y que además en su mayoría han sido mujeres y niños), ni una de esas intervenciones gringas que funcionan de maravillas en la virtualidad del cine y casi nunca en la cruda realidad, pueden asegurar el éxito de los criminales planes sionistas. Como dijera Wright Mills, “Escucha, yanqui”, y muévete por Gaza y en defensa propia.

Por Carlos Semorile.


lunes, 3 de febrero de 2025

En una sola marcha cabe el mundo


 Foto: Kaloian Santos Cabrera

En “Resumen de noticias”, Silvio Rodríguez dice que no ha “estado enumerando las manchas en el sol”, pues es consciente de que “en una sola mancha cabe el mundo”, y esta última imagen siempre me ha gustado traducirla diciendo que “en una sola marcha cabe el mundo”, cosa que cualquier que haya participado en al menos una manifestación popular masiva tiene que saber de sobra: la diversidad, la pluralidad y la transversalidad son los otros, siempre y todas las veces.

Y esta foto de la marcha del sábado me recordó un episodio de la manifestación de la Multipartidaria del 16 de diciembre de 1982 y la represión que los milicos desataron primero en la propia Plaza -cobrándose la vida del obrero metalúrgico Dalmiro Flores-, y luego sobre las columnas que estábamos sobre la Avenida de Mayo. De repente, entre gases y estruendos, los teníamos casi encima nuestro, pero nos salvó la solidaridad de una pareja que -como la de la imagen- vivían en un departamento sobre la Avenida de Mayo y abrieron la puerta de entrada al edificio y así salvaron a una montonera variopinta de manifestantes.

Algunos estaban heridos, otros lastimados, y a todos nos vino bien el sabernos al amparo de la cacería que se había desatado. Uno de nuestros salvadores -ambos jóvenes, como los de la foto- era médico, de modo que los contusos recibieron los primeros auxilios en las escaleras o en el propio departamento de los muchachos. Nos ofrecieron agua, té, aspirinas, y nos dejaron pasar al baño. Cuando lo peor había pasado, desde la ventana se veían un montón de zapatillas y zapatos perdidos por las corridas, y ellos llamaron a un diario para que registrara esa imagen desoladora (todavía no sabíamos que habían asesinado a Dalmiro Flores).

Entre aquel 1982 y este 2025 han pasado muchísimas marchas y con características diversas: manifestaciones de lucha en su gran mayoría y unas cuantas celebratorias por los derechos adquiridos. Uno de esos derechos es el de ver pasar a los compatriotas desde una ventana sin miedo a que el odio nos lleve puestos a todos. Porque “en una sola marcha cabe el mundo” y contiene la memoria de nuestras luchas y conquistas.         

Por Carlos Semorile.