viernes, 31 de julio de 2026

"La mano ejecuta lo que el corazón manda"


 

Fallecido el 31 de julio de 2020, el Historiador de La Habana Eusebio Leal Spengler descansa en un precioso jardín ubicado detrás del Convento de San Francisco de Asís, en el corazón de La Habana Vieja. Si el viajero presuroso acierta a pasar por allí es muy probable que el recogimiento del lugar lo invite a la reflexión o la oración, dos de las actividades predilectas de Leal.

Conmueve que en esa sencilla tumba reposen los restos de un hacedor incansable que solía movilizar a la comunidad que iba a ser la beneficiaria de tantos afanes y labores de restauración y dignificación social, tareas que él promovía diciendo “la mano ejecuta lo que el corazón manda”.

Lo otro que emociona hasta las lágrimas es la inscripción de la lápida porque Eusebio fue siempre un patriota martiano y un fidelista convencido, que hizo de la lealtad una forma de conciencia. La más alta conquista de un ser humano que siente y piensa y que, por ello mismo, elige echar su suerte con los pobres de la tierra.

Carlos Semorile.


lunes, 13 de julio de 2026

La tropezada existencia del gorila

 

Si la selección nacional no hubiese llegado a las semifinales, hace rato que habríamos dejado de escuchar que los árbitros nos favorecen o que inclusive los resultados obtenidos con tanto esfuerzo y sacrificio son manipulados desde la guarida del VAR. Quienes realmente crean en este entongue, deberían hacer como los muchachos que -en un episodio profético de “Boggie, el aceitoso”- lanzaban un misilazo que destruía las instalaciones de los réferis virtuales.

 

Pero no es de ellos que nos interesa hablar, sino de aquellos que podrían sacar algún provecho de toda esta basura que circula en las redes y que tiene tantos puntos de contacto con el daño que la genuina manipulación mediática provoca en tantas conciencias para hacerlas odiar lo que deberían amar. Al igual que la selección, la Argentina conoció hace no muchos años un período de dicha colectiva basado en realidades palpables para las grandes mayorías: había laburo, desendeudamiento, bienestar, previsibilidad, proyectos y esperanzas.

 

¿Qué nos pasó? Un odio feroz fue vertido de forma sistemática en los oídos de millones de personas que de este modo comenzaron a creer, como los que piensan que la selección no merece llegar hasta donde llegó (y aún puede llegar), que no nos merecíamos la buenaventura de vivir en un país normal y entonces apostaron por hacerlo en un virreinato desquiciado y vapuleado, donde cada día hay una nueva humillación que, afectando a unos, nos degrada a todos.

 

¿Qué país podríamos tener si el gorila –histórico o reciente- no anduviera con su odio a cuestas? Como escribió Horacio González, el odio es “la negación de la reflexión”: si bien infunde “enérgica vitalidad”, no deja de ser “el más originario de los tropiezos del alma, un sentimiento que nace ya tropezado”. En términos futboleros, sería como olvidarse del equipo, marcarse solo y terminar tirándola a los caños. Vean lo que dicen de la selección, cómo niegan los méritos de sus triunfos, y piensen si no hicieron lo mismo con la mejor Argentina que conocimos.

 

Por Carlos Semorile.