sábado, 15 de agosto de 2026

Leer, traducir y reescribir

 

Anoche hubo parranda en Boedo. Nadine, la hija de Silvana y Leo, festejó sus quince con su familia y sus amigas y amigos y durante siete horas hubo de todo: morfi, chupi, emotivos discursos de y para la homenajeada, improvisados cantitos de cancha (con esa gracia repentista tan nuestra) para vivar a todo lo que sucedía bajo los focos, lindas charlas en la mesa y muchísimo bailongo grupal, pero también de parejas que como Tania y Eduardo la gastaron en un par de rockanroles antológicos.

 

No estuvimos entre quienes pasaron al frente a colmar de bendiciones a la bella Nadine, pero podemos hacerlo ahora con estos versos de una antigua plegaria irlandesa:

 

“Que el camino salga a tu encuentro.

Que el viento siempre esté detrás de ti

y la lluvia caiga suave sobre tus campos.

Y hasta que nos volvamos a encontrar,

que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano”.        

 

No conté los pasos que dio Leo yendo de una punta a otra del salón (pasando por cada mesa, abrazando y enlazando afectos, tacleando mozos para que no faltara nada), pero en su deambular se pegó unas cuantas vueltas olímpicas. Claro que, tratándose del primo Leo, ni el músculo duerme ni la ambición descansa, y entonces no es extraño que en medio del fiestón me haya vuelto a plantear la cuestión de si la palabra escrita no congela el pensamiento, tal como pensaban Sócrates y Krishnamurti.

 

Como esta es la tercera vez que me saca el tema, ya no puedo hacerme más el otario y, entre atajos y digresiones, intentaré responder. ¿Debo aclarar de entrada que lo que sigue no es más que mi humilde, pero no por ello menos firme, manera de encarar el problema? En principio, me parece que desde luego puede suceder -y sucede- que una idea se cristalice en su paso de la mente que la pensó al libro o programa que la preserva. Por poner un ejemplo que casi no necesita más argumentos: la UCR es éso.

 

Dicho de otro modo: la idea que ha sido plasmada en un texto (acaso luego convertida en folleto o libro), al ser leída necesita, a la vez, ser traducida. Sólo el laburito de traducir nos ampara de ser literales y tomar las metáforas al pie de la letra, como vemos que está pasando hoy con tantísima gente que confunde “libertad” con servidumbre y, como dice el Tata Cedrón, “ya no sabe ni cruzar la calle”. Sólo si lo leído o lo escuchado hasta el hartazgo se traduce bien, ahí lo podemos descongelar y reescribir.

 

Para decirlo con las palabras de una canción de Silvio Rodríguez: “Y si esto fuera poco, tengo mis cantos que poco a poco muelo y rehago, habitando el tiempo, como le cuadra a un hombre despierto”. Habitar el tiempo que nos toca vivir supone, pues, estar lo suficientemente despiertos como para ser capaces de moler y rehacer lo que uno leyó o escribió porque el riesgo de la cristalización es real y “naides” estamos exentos de semejante abismo.

 

Ni siquiera Sócrates o Krishnamurti que, citando a Horacio González, “están equivocados en su manera de tener razón”. ¿Cómo es esta vaina? No es apenas un juego de palabras, sino que señala la paradoja de un pensar que se extravía en razones en apariencia válidas, pero que nos llevan al error, por ejemplo, de condenar al texto o al libro por el sólo hecho de contener unos preceptos que, desde luego, deben ser leídos, traducidos y, eventualmente, reescritos.

 

Quiero decir, y con esto termino, que no me cierra esa idea de condenar al libro porque, en teoría, podría contener algo pétreo que nos aleje de la savia vital. Mucho menos lo condenaría en los tiempos que corren, donde se están poniendo en práctica “todas las formas de menoscabo de lo humano” (de nuevo González), y entre ellas la de apartarnos de la lectura que traduce y que reescribe todo lo que es preciso para ponernos al día.

 

Y porque por más que haya sido escrito en un folio ajado, o acaso en una piedra y usando un alfabeto en desuso, no me privaría del placer de desearles “que Dios los sostenga suavemente en la palma de su mano”.      

 

Carlos Semorile.


No hay comentarios:

Publicar un comentario