martes, 8 de septiembre de 2026

Galasso en Puán


 

“Para que un día nos queden unos cuantos recuerdos: es decir estuve, estuve en tal pasión, en tal recodo”. Raúl González Tuñón.

Estuve, por ejemplo, en las clases del Seminario “Pensamiento Nacional” dictado por Norberto Galasso y su equipo de jóvenes docentes en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A. en 2013, es decir en “Puán”. Era una actividad abierta al público en general, en un aula inmensa que se abarrotaba de gente cada sábado a la mañana durante un cuatrimestre para escuchar de su voz “quedita” –como dirían en México- el entramado de nuestra tradición emancipatoria e igualitaria.    

No todos éramos peronchos –compartí banco más de una vez con una compañera de alguna tribu de izquierda-, ni todos habían leído la mayoría de sus libros, pero se le prestaba esa atención que se han ganado a pulso aquellos a quienes llamamos maestros. Tenía un modo sereno de exponer y una templanza forjada en muchas horas de docencia política en los foros más diversos: nunca vi a un trosko quedar tan mal parado como cuando Galasso lo atendió con sus propios argumentos. Tras este cruce, continuó su clase con su habitual humildad y elegancia, pero nos quedó claro que en política el manejo del tiempo es “el tema” que manda. 

Leí unos cuantos de sus libros y, como todos, tengo mis favoritos: las biografías de San Martín, Moreno, Yrigoyen, Perón, Yupanqui, Discépolo, Jauretche, Scalabrini y Cooke. Pero hay un texto suyo, “Genocidio y oligarquía” (recopilado por Maximiliano Pedranzini en el libro “El pensamiento nacional”), que a mi entender recupera no sólo la memoria sino el sentido de los años sesenta y setenta, y donde Galasso plantea que habría que comprender que “la clase dominante se aterrorizó ante “Cordobazos”, “Tucumanazos”, “Rosariazos”, etc., y ante la irrupción de una juventud dispuesta a tomar el cielo por asalto. Tan cerca vio el cuchillo de su garganta que, en cuanto pudo, decidió dar un escarmiento ejemplar para que nunca más se atreviera el pueblo a formas de democracia directa y a poner en discusión el modelo dependiente. Por eso hicieron un pacto de sangre: los ricos, los militares reaccionarios y el imperialismo”. Si en la hora final pensamos en legados, creo que este fragmento explica por qué éramos tantos los que nos sacudíamos las sábanas para ir a escucharlo a Puán. Gracias por enseñarnos tanto, querido compañero Galasso.

Carlos Semorile.