miércoles, 16 de octubre de 2019

“Poder elegir la vida que uno quiere vivir” -Algunos apuntes sobre “Profundamente argentina”-


“Profundamente argentina” reúne trece discursos a través de los cuales -como dice el “Gallego” Fernández en el Prólogo- Cristina ejerció la “conducción, orientando al Pueblo, a la militancia y a los cuadros auxiliares” durante la etapa de nueva “Alianza” neoliberal que hoy nos deja un panorama de devastación económica, social y cultural como pocas veces se produjo en un plazo de tiempo tan breve y tan duro.

Reconforta saber –o recordar- que en una de sus intervenciones en el Senado, Cristina les haya dicho en la cara que el plan de gobierno que estaban llevando adelante “Es perverso socialmente, es de sociópatas”.

O que en otra oportunidad, cuando se debatía la “Ley antitarifazos”,  les advirtiera: “¿Saben por qué pueden hacer todo esto ustedes? Por la impunidad mediática que tienen, pero ¿saben qué? Les juega en contra, porque creyeron que podían hacer cualquier cosa. Este es el tema de tener impunidad mediática. Finalmente, terminan pasándose de vueltas en las decisiones que toman y luego la crisis se torna incontrolable”.

Cristina vuelve una y otra vez sobre el rol de los medios monopólicos porque “en este mundo en el que se escucha poco y se mira todo, es necesario volver a reflexionar, volver a formarnos, volver a escuchar”.

Y, entonces, caracteriza la etapa de la Alianza Cambiemos como tributaria de un blindaje mediático increíble como nunca se vio en la historia de la República Argentina. Sólo me hace recordar al blindaje que tuvo la dictadura en materia del Terrorismo de Estado (…) Que no solamente es un blindaje mediático a favor de las políticas del gobierno que están provocando esta verdadera catástrofe social y económica. Es también el servicio de blindaje mediático para los que levantan la mano o presentan proyectos como éste, y al mismo tiempo presta el servicio de ataque furibundo y brutal contra aquellos y aquellas que no formamos parte de ese dispositivo de lo que se ha dado en denominar muy amigablemente ‘la gobernabilidad’, y que yo creo que en muchos casos hace más juego con la complicidad”.

No se trata de un exceso de adjetivación –que, por otra parte, no lo hay-, sino de situar desde dónde se ejerce el “verdadero poder”, y señalar que ese Poder sale indemne de las crisis que genera: “Fíjese que los fracasos de los gobiernos nunca fueron responsabilidades de los medios de comunicación, que muchas veces los promocionaron y los impusieron con noticias falsas, con mentiras, con un tratamiento absolutamente diferente según quién fuera el partido político o el dirigente. Al contrario, siempre los que terminan siendo responsables de todo lo que pasa son la política y los partidos políticos”.

 Este señalamiento es crucial, y puede llegar a ser determinante en la etapa que se avecina, tan preñada de esperanzas así como también de demandas, y de urgidas exigencias en cada plano de la vida social.

Por ello, no son pocas las interpelaciones que Cristina le hace al Pueblo en su conjunto, como la formidable apelación que hizo en Racing a cada uno de los sectores maltratados por las políticas macristas. Y una de ellas, significativa por demás: “Entonces si sos joven, si no conseguís laburo, si además estás podrido de que te paren porque no les gusta tu cara, tu vestimenta o lo que pensás. Si no querés vivir en un país donde un pibe desparece, nadie se hace cargo y todavía no sabemos dónde está Santiago Maldonado”.

Y, junto con el llamamiento, su propuesta de realizar “un nuevo contrato social de ciudadanía responsable: “Este nuevo contrato social no es ni más ni menos que la búsqueda de una mirada práctica que genere una base de orden. Un nuevo orden que permita el desarrollo individual de las personas dentro de las condiciones humanas y espirituales, pero siempre, siempre en el marco de una realización social colectiva para evitar que el esfuerzo de cada argentino y cada argentina termine siendo devorado por el egoísmo y el individualismo”.

Hay mucho más material para reflexionar a partir de estos trece discursos de Cristina, y cada quien hará su propia selección y recorte. Por nuestra parte, quisiéramos concluir con estas palabras –que, en sí, son todo un programa- que Cristina les dirigió a los jóvenes reunidos en el Plenario de Estudiantes Secundarios, realizado en la UTN de Avellaneda el 30 de julio de 2016:         

“Yo siempre quise como Presidenta que cada argentino pudiera elegir su vida, porque yo tuve la inmensa suerte de poder elegir la mía. ¿Qué significa elegir tu vida? Significa que vos decidís qué vas a hacer (…) Eso fue lo que siempre quise, que la dicha, la inmensa suerte que tienen los que nacieron en hogares donde no les faltó nada, la tengan también el resto de los argentinos. No tiene que ser un privilegio poder elegir la vida que uno quiere vivir, quiero que en la Argentina siga siendo un derecho para todos”.

Por Carlos Semorile.

martes, 27 de agosto de 2019

No es una vincha, es un cepo al pensamiento


Tras la marcha convocada por referentes mediáticos de Cambiemos para repudiar el triunfo opositor, volvieron a circular algunas imágenes bizarras, como la de una señora con un globo amarillo como vincha.

Como otras veces en que la oligarquía decidió salir a las calles, todo fue patético. Mucho ya se dijo respecto del sinsentido de manifestarse a favor de una república imaginaria, pero negando validez al contundente resultado de las urnas. O sobre el hecho, también muy sugestivo, de que hayan abierto las vallas pretorianas que resguardan a un mandatario temeroso de verse interpelado por vocinglerías y reclamos.   

En esta ocasión, el patetismo tuvo su cuota más alta cuando el candidato oficialista salió al balcón de la Rosada para hacer una serie de morisquetas, con su esposa oficiando como “election planner” y haciéndole pases de “reiki” para sosegar el “capusottiano” desborde emocional  del susodicho. Si se pretendía demostrar fortaleza, quedó flotando en el aire un aroma a despedida, a retirada, a final ineludible.  

El problema viene de lejos. No hay más que recordar aquellos festejos tipo “pelotero” para adultos donde campeaba un “pensamiento piñata”, a la espera del reparto de cargos que iban a derramarse como golosinas entre los angurrientos concurrentes. De aquellos  “voluntarios” hoy sólo queda la figura del Mago sin Dientes tratando, desde su penoso candor de convidado de piedra, de salvar la pilcha en medio de la desbandada.

No es por ensañamiento que recordamos la soledad de este militante descartado por su propia dirigencia, sino para reiterarles a muchos que, así como no se debe cruzar una avenida sin mirar antes el semáforo, tampoco se pueden obviar todas las señales de peligro que emanan de sectores que ya nos han hecho mucho daño. Con la “pureza” no alcanza, con la “credulidad” a lo pavo no vamos a ninguna parte: a partir de cierta edad, la “inocencia” es una suerte de perversidad.

Cuando compartimos estas imágenes de “señoronas y señorones” de Barrio Norte apoyando un gobierno que genera miseria, desamparo y muerte, no es porque nos guste flagelarnos: queremos que los distraídos dejen de fingir demencia, y comiencen a hacerse cargo del lugar que realmente ocupan dentro del “reparto de la torta”, y tomen nota de que no figuran “ni a placé” en los planes de los ricos.

Y para que usted advierta que estos repetidores de “slogans” (los Ceos de las empresas hoy en funciones de gobierno, los “periodistas serios e independientes”, los propaladores de “verdades” que no resisten el menor análisis), le han robado el lenguaje y, junto con el lenguaje, el pensamiento que podría ser el dique para que se defienda de sus arteros ataques. Recuerde que “Todo el que pretenda imponer su dominio al hombre ha de apoderarse de su idioma”, y que si usted permite que ellos piensen en su nombre, es probable que termine como la señora de la foto: con un globo como cepo alrededor de su cerebro.

Por Carlos Semorile.

jueves, 22 de agosto de 2019

La encerrona trágica del Larretismo

Nos permitimos repetir algunas ideas y conceptos ya tratados en alguna crónica anterior, e incluso bajo un título similar, porque un sector de la sociedad se empeña en reiterar su inclinación a la barbarie.

Fernando Ulloa fue uno de esos capos que no son tan conocidos como nos convendría a todas y a todos. Su profesión era el psicoanálisis pero, como toda persona que pone a funcionar el bocho con pasión y buen criterio, nos legó algunas reflexiones que van más allá del ámbito de la terapia. Ulloa sostenía que muchas veces las instituciones promueven “encerronas trágicas” que dejan a los sujetos a merced de situaciones donde no pueden recurrir a un tercero que les proporcione “miramiento”, ternura y buen trato. Se trata de una “cultura de la mortificación” que acentúa, al mismo tiempo, el desamparo de las víctimas y la crueldad de los victimarios.

En las últimas horas, la Policía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (pilchas nuevas, móviles y celulares a destajo, armados hasta los dientes) asesinó a un ciudadano indefenso: Jorge Gómez, un trabajador de 41 años que tuvo la desdicha de creer que estaba siendo interpelado por un funcionario sensato, y no por un uniformado adiestrado para matar bajo la cobertura de un poder que pretende que la barbarie se instaure como “doctrina”. Mientras la familia de Jorge Gómez no sale de su estupor, el asesino acaba de salir en libertad.

Por otra parte, pero dentro de esta misma lógica de castigar al “marginal”, dos custodios de un supermercado Coto mataron a golpes a Vicente Ferrer, un jubilado de 70 años que hurtó un aceite, un pedazo de queso y un chocolate. Luego de golpearlo dentro del local, los vigiladores abandonaron a Ferrer en plena calle donde falleció antes de ser asistido por el Same, mientras la Policía de la Ciudad rodeaba el cuerpo de la víctima y trataba de impedir que se tomaran imágenes del ciudadano asesinado por los sabuesos de Coto. 

Todo esto, desde luego, resulta muy triste y angustiante. Pero a nadie debería resultarle “novedoso”, porque desde que la cultura de la mortificación alcanzó la gobernanza de la ciudad primero, y luego del país todo, este Grupo de Tareas del capital financiero ha logrado que “cada necesidad sea un drama angustioso”. Mucha gente cegada por el odio les permitió acceder al control nada menos que del Estado, y desde allí se han dedicado a deshilachar todos y cada uno de los derechos conquistados para, como en la Dictadura, hacer trizas el tejido social. 

Sin embargo, es legítimo preguntarse si luego de la paliza electoral recibida hace apenas 10 días, estos personeros del capital financiero no alcanzaron a percibir un “cambio” del humor social. De no ser así, asistiremos –como de hecho asistimos- al curioso espectáculo de que los promotores de la encerrona trágica se vean encerrados ellos mismos por un “relato” que pretende enajenar derechos a cambio de “puro ripio”. 

Por Carlos Semorile.

martes, 13 de agosto de 2019

Scalabrini bajo las araucarias


Tras la derrota de 2015, Axel Kicillof se puso a hacer política desde el llano, cara a cara con el pueblo. Hasta hace muy poco, muchos ni siquiera supimos que durante estos años sombríos y penosos estuvo recorriendo toda la provincia de Buenos Aires en un gesto épico que, en realidad, había comenzado apenas 10 días después de que asumieran los neoliberales. Fue en el Parque Centenario, y esta es la crónica de aquella jornada memorable.   

Aunque Axel insista con Keynes, él es más bien un nacional, como lo fueron Manuel Ortiz Pereyra y Scalabrini Ortiz. Y asimismo le caben las palabras con que Jauretche reconoció el laburo tenaz de Scalabrini: “A él le debemos las claves que nos sacaron de un antiimperialismo de charla para ponernos en contacto con la realidad de nuestro colonialismo auténtico”. De eso se trató la charla de hoy: de que todos sepamos y todos estemos en condiciones de hacer docencia sobre los mecanismos que nos someten a una situación colonial. Fue como el “kilómetro cero” de lo que debemos develarles a tantos compatriotas que fueron engañados antes, y que hoy y en adelante serán mantenidos en la ignorancia, o desviados hacia “un antiimperialismo de charla”.

Que esta clase magistral suceda bajo las mismas araucarias donde hace 14 años todos hablaban al unísono y nadie escuchaba a nadie, es un símbolo que no debe pasarse por alto. Tampoco el hecho de que la multitud no produzca un solo roce, ni que las madres lleven a sus bebés, ni que los tullidos vayan con sus muletas y otros en sus sillas de ruedas, y las viejas con sus bastones, y los ciclistas con sus rodados, más las rondas de mates y bizcochos, y las lonitas de los más preparados. Y que todos guarden un silencio parecido al de una misa, porque esa palabra importa, y la necesitamos como al agua bendita porque –parafraseando a Jauretche- cuando Kicillof nos pone en contacto con la realidad de nuestra Patria, todo el Centenario canta que “Vamos a volver”.

Por Carlos Semorile, 20 de Diciembre de 2015.

lunes, 12 de agosto de 2019

Echamos a un Grupo de Tareas


Cuando podamos repasar serenamente este “tiempo de canallas”, se verá la magnitud de nuestra hazaña colectiva porque, como alguna vez escribió Cooke, “Quedamos solos como lo estaremos cada vez que se juegue la suerte de la Patria y de sus clases trabajadoras”. Defeccionaron los “técnicos”, traicionaron los alcahuetes, claudicaron los “triunviros”, arrugaron los tibios, y un silencio estruendoso apañó cada una de las atrocidades del Grupo de Tareas-“Cambiemos”.

Como sus socios del Proceso, sembraron el país de hambre, muerte y desolación y, como decía “Marucho” Maestre, “sólo les faltó cagar en cada esquina”. Todavía están a tiempo, y no es improbable que se despidan apelando al repertorio de barbarie y sangre que llevan en su ADN. Pero una buena parte del pueblo argentino ha demostrado una templanza digna de todo elogio, y ha resistido en paz la inclemencia infligida por esta cofradía de cipayos incapaces de apiadarse de nadie.

Aún está por escribirse el “diario de los años de la peste”, y debe hacerse por todos aquellos que no alcanzaron a palpar esta esperanza. Y para recuperar el lenguaje comunitario que también nos afaron.

Por Carlos Semorile.

martes, 25 de junio de 2019

La Sarli en “La Lugones”


Es muy curioso el modo en que a veces se cruzan los nombres consagrados de la cultura nacional. Corría 1985 -o acaso fue en 1986, pero no más allá-, y alguien tuvo la valentía de programar un ciclo de películas de Isabel Sarli nada menos que en la Sala Lugones del Teatro San Martín.

Supongo que nos enteramos porque éramos jóvenes, y todo nos interesaba, inclusive el cine de un autor que no tomábamos para nada en serio, y de una actriz a la que nos costaba identificar como tal. Pero allí fuimos, en alegre camaradería, con la promesa de divertirnos a costa de la supuesta "bizarría" de esas pelis. No fallaba: nos reíamos mucho.

Pero había otro segmento de espectadores, no reunidos ni agrupados, pero sí muy aguerridos a la hora de defender a su amada Isabel Sarli. Esos señores ya mayores, curtidos de muchas censuras y de mucho cine que no los tenía en cuenta, nos gritaron algo que hoy recuerdo como una gran enseñanza: "Cállense!!! Ustedes no entienden nada!!!"

Nunca volví a ver así a “La Lugones”, al borde de una batalla intergeneracional por una mujer que desgarró la hipocresía de una sociedad prejuiciosa y engrupida, que siempre la miró con desprecio. Y que hoy, al menos debe reconocerle que vive en el corazón de su pueblo.

Por Carlos Semorile.

miércoles, 12 de junio de 2019

Se separaron Los Bitles... (También conocidos como "La Banda del Peronómetro Oxidado")

Esta foto parece del período jurásico, pero tiene apenas unos meses. La posteo adrede como recordatorio del modo envilecedor con que los grandes medios formatean las conciencias de los ciudadanos, y los vuelven súbditos de slóganes ridículos como "gobernabilidad", "seriedad", "transparencia", "previsibilidad", "compromiso", "equilibrios", y toda la gama de sanatas que cada uno puede incluir en la lista de versos destinados a opacar el conocimiento sencillo y directo de la realidad.

Uno de ellos ha decidido, de manera poco decorosa, terminar de enlodar su apellido haciendo los cuidados paliativos de un gobierno que se desmorona. Otro, tal vez el más Vizcacha de los cuatro, tuvo que venir al pie del malón que más gente junta, y que más chances tiene de alcanzar el triunfo en octubre. Los otros dos quedaron agarrados de la brocha o, si usted prefiere, con el culo al aire. Hay alguno más que no está en la imagen, pero que también anda tratando de conseguir quién le haga la segunda sin robarle demasiada cámara, que al fin y al cabo es lo único que tienen.

Insisto: vuelva a mirar la foto, y haga el esfuerzo de recordar la manera en que los medios trataron de convencerlo de que esta banda de menesterosos podían sacarnos del infierno que ellos mismos contribuyeron a generar, juntando leños como siervos de la gleba. Y, si tiene un resto de coraje, piense si no fue el renunciamiento histórico de cierta dama lo que terminó con toda esta farsa de Los Bitles que hacían "covers" del general Perón en una sala de "focus group". Pero “cantar es conversar con música”, y estos señores distorsionan cualquier melodía. 

Por Carlos Semorile.