viernes, 18 de septiembre de 2015

Mil ocho noventa



Tiene razón Cristina. Si gobernaran Macri y Magnetto habría que volver a hacer la Revolución del Parque. Luego, mientras ellos apañan “elecciones”, deberíamos volver al abstencionismo hasta conseguir una nueva Ley Sáenz Peña y ganarles en buena ley. Allí, de mala nos dejarían ensayar algunos cambios, mientras preparan el golpe y la restauración. Enseguida, estaríamos reviviendo las miserias de la Década Infame y refundando Forja para despertar la conciencia nacional. Tendríamos luego diez años gloriosos de derechos y conquistas, seguidos de bombardeos, fusilamientos y proscripciones. ¿Cuántos años de éso? ¿Veinte, treinta? Los que hagan falta, y si de casualidad nos rebelamos y levantamos de nuevo la cabeza, nos estaría esperando las hogueras de un nuevo genocidio. Y siempre, siempre, el neoliberalismo aplastando todas y cada una de nuestras energías y esperanzas. Tiene razón la Presidenta: “los noventa” de ellos son los de 1890. Por eso, cuide su voto, amigo! Porque su voto cuida sus conquistas y las de todos. No sea cosa que mañana se despierte sin derechos, y no tenga ni palenque anda rascarse.

Por Carlos Semorile.

martes, 8 de septiembre de 2015

La canción emancipada



La vieja España supo tener un Nebrija que sintetizó el dominio de sus colonias bajo la fórmula “Lengua e Imperio”. “No había en su lengua sino lugar para el castigo”.[1] Para salir de la minoridad impuesta por los españoles, nuestros primeros revolucionarios tuvieron que “servirse del estado de a la lengua vigente en aquella fecha” y, al mismo tiempo, debieron luchar por “revolucionar la lengua, dotando de nuevos sentidos a las viejas palabras”, iniciando así una batalla por el lenguaje que “no ha cesado en los últimos doscientos años”.[2] Andando el tiempo, Alberdi planteó que “nuestra lengua aspira a una emancipación”, y al despuntar el siglo XX Abeille tendría la osadía de plantear la existencia de un Idioma nacional de los argentinos. Acaso se le fue la mano, pero Martínez Estrada supo ver que los “poetas del pueblo” declararon “como extranjera la voluntad de crear una literatura nacional con elementos foráneos”, recogiendo y legalizando “lo español vivo en lo argentino vivo”: “Lo que nosotros hemos modificado en lo sustancial y hasta los límites de lo posible dentro de la rigidez de toda lengua es la semántica y la intencionalidad del lenguaje. No lo hemos deformado por fuera, sino por dentro”. Y cuando el Martín Fierro plantea “la ley primera” está invirtiendo la imposición del lenguaje colonizado que ordena desalojar el amor y suplantarlo por la desconfianza.[3] Es toda una reposición de valores: la fraternidad en sentido amplio, entre “gente que se quiere y se comprende” -como escribe Buenaventura Luna-, entre paisanos estigmatizados como bárbaros.

¿Se interesan los músicos por estas cosas? Cuando “la música interior” tocó por primera vez las puertas de la esquiva metrópoli, Juan Agustín García dijo que había recorrido “con bondad y paciencia lo que se siente en esos centros populares (…) Se encuentran emociones muy intensas y bien traducidas en un verso armonioso, español, pero muy argentino: con mucho sabor local (…) La guitarra es, en todos estos cantos, el símbolo de la patria; de una patria más suave y dulce”. Si el criollismo fue acaso una revolución cultural es porque terminó con los “buenos modales” del idioma, esos que hacían que la lengua del oprimido se escuchase como ruido y sólo se escuchara como discurso el idioma del opresor.[4] ¿Hace falta sugerir lo que va del lenguaje a la canción?

“El encuentro entre una persona y el lugar al que pertenece no es fortuito, es algo que va más allá del destino, es algo tan primordial que no hay palabras para describirlo”.[5] Pero hay que encontrar esas palabras y avanzar hacia una lengua nacional emancipada. “¿Para qué nuestra música? ¿Para qué nuestros dioses? ¿Para qué nuestras telas? ¿Para qué nuestra ciencia? ¿Para qué nuestro vino?”, preguntaba Manzi. Para que podamos escuchar una canción emancipada y disfrutar y tener “una patria más suave y dulce”.

Por Carlos Semorile.


[1] Juan Bautista Duizeide, Lejos del mar.
[2] Javier Fernández Sebastián citado por Esteban de Gori en La república patriota.
[3] Siguiendo a Jamaica Kincaid en Autobiografia de mi madre.
[4] Siguiendo a Eduardo Rinesi en Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo.
[5] Jamaica Kincaid, Autobiografía de mi madre.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Las canaletas de “la tarasca”



Ay, Adelmo, la paliza que te dio Cristina! ¿Sabés que pasa, querido? Te lo explico con una anécdota de Jauretche: “Sí, en nuestro país llueve riqueza, pero como decía mi amigo Ortiz Pereyra, ¿qué es lo que ocurre que estamos todos secos? Sucede que el país está techado y tiene canaletas que llevan toda esa lluvia de riqueza hacia Estados Unidos o Inglaterra. Por eso, el pueblo no recibe nada de esa riqueza. Eso es el imperialismo (…) Perón no arrancó totalmente ese techo (…) pero le hizo un agujero grandote… y todos empezamos a mojarnos (…) Después, en septiembre de 1955, lo restauraron y ahora estamos otra vez todos secos, como antes”. No te voy a contar a vos, Adelmo querido, de cómo ustedes volvieron a re-techar todo desde 1976 al 2003, ¿no? Pero vinieron Néstor y Cristina y, si bien no arrancaron totalmente ese techo, le hicieron un agujero grandotote. Y, bendito sea el populismo, todos empezamos a mojarnos. Se entiende, Adelmo, que odies las canaletas del kirchnerismo. Pero un país es serio cuando los millones de laburantes que forjan su riqueza, reciben su merecida parte de la tarasca. Eso es el peronismo.

Por Carlos Semorile.

sábado, 22 de agosto de 2015

La crisálida



Luciana Jury canta las primeras estrofas con los ojos cerrados. Luego mira a la gente como reconociendo a los habitués de una taberna colonial, una fonda que noche a noche se llena de amigos que quieren escucharla otra vez. El tercer movimiento es cuando ella clava los ojos más allá del público, y ese es el momento de la turbulencia. Porque de eso se trata: las canciones de la Jury siguen brotando de su raíz pero están hechas para despegarse del suelo. Pero no tema, porque unos versos más adelante viene un recodo -que es como un dulcísimo remanso de ternura- donde usted, que ya está advertido, tiene la chance de prepararse para alcanzar de nuevo ese “cielo lleno de flores”.  

Como dice la canción, y como retrata el dibujo que Cristian Mallea le hizo para la portada de “La Madrugada”, allí están el “torbellino de estrellas” que la Jury trae en las caracolas de su voz y de sus cabellos. Puede ser una copla, una milonga o un bolerazo de aquéllos. Lo cierto es que, luego de pasar por las entrañas de esta cantora formidable, revolotean como maripositas de amores para que usted se las lleve. Pero no se crea que es gratis. Mientras disfruta de tanta música, hay algo que lo tiene inquieto: ¿cómo hace la Jury para cantar así? ¿No le pareció oír un como latigazo de la Merello, o un temblor de los de Favio? ¿Y qué son esas piruetas escénicas sino apariciones fugaces de Niní Marshall? Ella misma, que además es generosa, nos saca las dudas: su canto es tributario de los escritos del “Negro” Zuhair Jury. Y recomienda leer “El glorioso velorio de la Juana Pájaro”. Y allá vamos, para “visitar el alma mía”.

Por Carlos Semorile.

jueves, 20 de agosto de 2015

No le canten a los desalmados



Decía Raúl González Tuñón –pero lo aprendí de escuchárselo al Cuarteto Cedrón- que “el tiempo humilla y ultraja todo…, todo menos la canción”. Y es así nomás. Y si no vean cómo se suceden las generaciones y, pese a todo lo que nos han hecho, “La Marchita” ni se humillada ni se ultraja. Y es que “las civilizaciones se derrumban, pero la cultura no”, y entonces cantamos todo aquello que nos devuelve un imagen digna de nosotros mismos. Porque, gracias a Dios, nuestros creadores jamás creyeron que fuésemos una factoría: escucharon al pueblo y, más allá de derrotas circunstanciales, presintieron la Nación. Y lo mismo hicieron nuestros amados líderes que siempre supieron, como hoy dijo Cristina, que los desalmados no merecen nuestras canciones.

Por Carlos Semorile.

jueves, 6 de agosto de 2015

El que siembra esperanzas, cosecha voluntades



Vibrante discurso el de Aníbal anoche. Un vendaval de conceptos y de mística, rescatando la “voluntad calvinista” de Néstor, y la recuperación de la palabra política durante estos doce años de épica y reparaciones. Y un emotivo reconocimiento a los jóvenes, no como hijos (que de eso ya hubo bastante) sino como hermanos menores que están destinados, inexorablemente, a llevar adelante la revolución sí o sí, y aunque vengan degollando. Un lujo y un horizonte cierto, porque quien siembra esperanzas, cosecha voluntades.

Por Carlos Semorile.

lunes, 3 de agosto de 2015

Redondito y de ricota



Los que alguna vez –en el pasado, el presente o el porvenir- trajinamos las misas ricoteras, sabemos que Aníbal no es careta: va de frente y no miente. Y los que alguna vez –en el futuro, ahora mismo, o hace añares- leímos el Martín Fierro, sabemos que Aníbal es un gauchazo del tiempo de antes: manso con los mansos y torazo en rodeo ajeno. Por todo ello, en Aníbal se conjugan las mejores tradiciones argentinas. Las que no se manchan ni con mil canalladas.

Por Carlos Semorile.